Analizan el deber de la memoria para democratizar el recuerdo hegemónico

  • Lunes 08 de Octubre de 2018 | 10:56am

Redacción: Alvaro Carbajal periodista de la Unidad de Comunicaciones

Fotografías: Roberto Galindo

Jesús Izquierdo Martín, doctor en Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, ofreció la conferencia El deber de la memoria y la ciudadanía: educar para desestabilizar y democratizar el recuerdo hegemónico. La actividad fue organizada por el Departamento de Filosofía y tuvo lugar en la sala de conferencias de Instituto de Estudios Históricos, Antropológicos y Arqueológicos de la UES.

                Izquierdo Martín partió de la explicación de sucesos traumático como los vividos por los salvadoreños durante el conflicto armado y los de España durante la dictadura de Francisco Franco, a lo cual sostiene que todos sabemos que cuándo hay un trauma, quedan una serie de experiencias traumáticas que son extremas y que se alojan en el subconsciente.

                Explicó que cuando las cosas quedan en el subconsciente son difícilmente verbalizables, por ello es que los sueños no son más que experiencias que se alojan en el subconsciente que aparecen y están desordenadas, no están verbalizadas, cuando verbalizamos aparece el relato y es comprensible para todos.

                Dijo que el relato es una convocación que se hace sobre datos, le dan sentido y genera una visión del mundo que podemos entender y algunas veces persuadir y enamorar, esto lo plantea a partir que los seres humanos además de ser racionales son sujetos emotivos, expresivos y pueden ser persuadidos.

                Sostiene que con los relatos históricos pasa exactamente lo mismo: nos enamoramos de ciertos relatos porque nos persuaden y hay algunos efectos en ellos que han construido un relato del pasado a partir del cual el relato nos está comunicando quienes somos. Agregó que de ello se deduce el vació que hay del pasado y el relato que se hace de ese pasado, porque una cosa es lo que aconteció y otra lo que contamos de lo que aconteció.

                Argumentó que una cosa es lo que pasó y eso se puede enunciar de muchas maneras, de ahí que puedan existir diversos relatos sobre el mismo acontecimiento, por lo tanto lo que hace un historiados es convocar desde el presente al pasado, contando un relato que puede ser muy diverso que depende de la identidad que tengamos de un momento dado, dicho de otra manera es la temporalidad la que nos cambia.

                Planteó que la verdad histórica no consiste en contar el pasado tal cual fue si no que es tan mudable como el sujeto que la enuncia por tanto la verdad absoluta no existe, se tienen relatos que pueden cambiar con el tiempo.

                Expuso que por el otro lado se tiene la memoria, la cual es distinta a la historia porque la memoria no convoca al pasado y lo que pasa en la memoria es que el pasado irrumpe en el presente a través de experiencias que no se han querido, nadie ha querido estar en contextos donde la violencia irrumpe pero ha sucedido, por lo tanto tenemos distintos rasgos fenomenológicos entre memoria e historia.

                La historia convoca, tiende a la monopolización, la memoria irrumpe, tiende a la verdad; Izquierdo Martín explicó otros rasgos distintos, la historia se basa en método científico, en un juego de lenguaje, ejemplo si alguien enuncia algo en un auditórium, la audiencia puede exigir una explicación y el exponente está en la obligación de demostrarlo, por el contrario la memoria se articula sobre la base del sufrimiento, quien sufre no tiene más remedio que evocar su sufrimiento, no se le puede obligar a contar el testimonio de lo que le pasó su juego de lenguaje no está basado en documentos sino en su sufrimiento experimental.

                A partir de ese planteamiento, Izquierdo Martín argumenta que la historia y la memoria nos dice que todo es temporal y que estamos en un mundo tan diverso que hace tener opiniones tan diversas que nos obliga a realizar pactos de tolerancia de acuerdo a nuestras creencias que pueden ir desde lo religioso hasta el ateísmo.

                Ejemplificó lo que ha pasado en Europa, ahí liquidaron a Dios y  lo liquidaron porque hay algo que no se cumplía que es el juicio final, que es una utopía la llegada de Dios a la tierra, que para un verdadero cristiano concibe que ese es el mejor de los mundos posible y en Europa la Biblia comenzó a concebirse no como un libro sagrado sino como un libro de historia.

                Dijo que nos hemos metido en una línea de tiempo y que todo lo que tenemos que decidir que los acontecimientos no tienen un orden, los que pensábamos que la ley de una historia objetiva que teníamos que descubrir a través de las regularidades del pasado no es más que una construcción humana que nos da sentido, pero no es un descubrimiento es una construcción.

                Sostiene que en España el relato se ha convertido en un discurso hegemónico que vende su modelo de transición a la democracia como el gran modelo a seguir a terceros países latinoamericanos, pero que posee una ley de amnistía que hace impune al fascismo, que no tiene siquiera una política pública de exhumación de fosas comunes con más de 30 mil cadáveres.

                Afirmó que España existe una cultura política en la cual la historia y la memoria tienen identidades narrativas y en el relato y el pasado siempre hay posibilidades de diferencias; a partir de eso Izquierdo Martín analizó las secuelas que vive aún España del fascismo implementado por la dictadura de Francisco Franco.