El Salvador entre la migración y la violencia

  • Lunes 20 de Noviembre de 2017 | 11:59am

Redacción: Alvaro Carbajal periodista de la Unidad de Comunicaciones

La Escuela de Ciencias Sociales realizó el conversatorio “El Salvador entre migración y violencia”, con el objetivo de motivar a académicos y estudiantes a presentar sus artículos para la edición No. 2 de la Revista HUMANIDADES que versará sobre el tema en discusión, dijo el Lic. Edgar Nicolás Ayala vicedecano de la Facultad de Ciencias y Humanidades. La actividad se desarrolló en la sala de conferencias del edificio Alejandro Dagoberto Marroquín el 17 de noviembre del presente año.

El conversatorio tuvo como disertantes a José Osorio Guevara moderador y antropólogo social; René Martínez Pineda, sociólogo y director de la Escuela de Ciencias Sociales; Juan José Martínez antropólogo sociocultural; y José Alfredo Ramírez, historiador y profesor de la Universidad de El Salvador.

El moderador  José Osorio Guevara dijo que para tener una perspectiva que trascienda  el sentido común de los fenómenos de violencia y migración se debe superar el régimen presentista de interpretación con aspectos históricos y antropológicos por lo que solicitó que fuera Alfredo Ramírez que realizara un análisis como se ha desarrollado el fenómeno de violencia y migración en términos históricos.

Alfredo Ramírez sostuvo que los fenómenos de migración y violencia no necesariamente están juntos pues son dos dinámicas diferentes y partió de la premisa que la violencia es un fenómeno inherente al ser humano y en donde coinciden ambos fenómenos es que son bastante antiguos; para hablar de este fenómeno en El Salvador se refirió a la época colonial ya que la clave para poder hablar de historia es tener registros históricos.

Ramírez cuestionó “porque en el lenguaje la forma en que definimos los fenómenos; por qué la migración europea o migración de españoles hacia América la definimos como aventura y positivo o una iniciativa de la humanidad por descubrir nuevos territorios y por qué no se habla de invasión al continente americano, de la destrucción de la cultura”.

Ramírez agregó otro fenómeno importante que se dio fue la construcción del triángulo del atlántico, cómo mercadería y población circularon entre Europa, África y América  por 250 o 300 años y cómo a través de un discurso ilustrado se justifica la esclavitud de una inmensa cantidad de población en el cual alrededor de 12 millones de esclavos son traídos del África a América y por qué no se le ve el lado negativo que eso significó del maltrato y del abuso de una población por el hecho de ser distintos, todo eso tiene mucho que ver con la violencia cotidiana.

Todo lo anterior ha llevado a que las sociedades latinoamericanas invisibilicen o estigmaticen esas situaciones y tiene mucho que ver con la violencia cotidiana, ejemplo “tenemos una amigo al que llamamos el negro, el colocho eso simplemente es racismo, y no lo vemos así lo tratamos de ocultar detrás de una sonrisa”, así trató de mezclar migración y violencia, el profesor Ramírez.

Agregó que las migraciones también han beneficiado mucho a las sociedades independientemente si es una trata de esclavos o una migración voluntaria, en el caso de El Salvador la migración hacia Estados Unidos (EE. UU), en los años 70, el conflicto armado generó esa gran migración, pero en realidad la migración de salvadoreños y centroamericanos hacia el país del norte inició en 1830 o 1840, cuando EE. UU. empieza su expansión hacia el pacífico.

Por otro lado, El Salvador ha recibido migraciones de extranjeros: estadounidenses, alemanes, españoles y palestinos, esas migraciones aún no han sido investigadas, lo cual las constituye agendas de investigación abiertas, explicó Ramírez.

Por su parte, René Pineda sociólogo, dijo que la migración es un hecho objetivo e histórico, la humanidad no sería lo que es sin esos procesos migratorios, pero al hablar de violencia como problema epistemológico convoca a los científicos sociales a tratar de comprender el fenómeno y la violencia como hecho social es una constante en el devenir histórico, la violencia que tenemos no son sólo producto de la posguerra, ni de las deportaciones masivas, eso es un mecanismo para convertir la violencia en el problema más urgente y trivial, pero no hay un mecanismo importante para resolverlo.

Agregó que la violencia se constituye en un mecanismo de control social que ejerce violencia entre ella misma, esto se montó estructuralmente en los años 50 del siglo pasado por la dictadura militar “esto se generó por hechos sociológico como la impunidad y en segundo lugar por la gobernabilidad, aunque nos parezca absurdo, la corrupción y la violencia son mecanismo de gobernabilidad”, y esto la gente lo ve como el problema más urgente pero a la vez trivial, aclaró Martínez Pineda.

 Sostiene que en este país es un insulto a la inteligencia de la gente que en un periodo de gobierno de ARENA haya sido director de la  Policía nacional Civil (PNC) a alguien que es dueño de empresas de seguridad privada que vive precisamente de la violencia (en alusión a Rodrigo Ávila) y que años posteriores se tenga como analista político sobre violencia, eso es algo casi absurdo, sin embargo esto sucede en este país.

Más adelante, Juan José Martínez antropólogo sociocultural explicó que los salvadoreños emigran hacia EE. UU. desde el siglo XIX, sin embargo las características y la intensidad de la migración era diferente con las características de los migrantes de los años 75 y 80 que se relacionan profundamente con los fenómenos que se tienen ahora que es el tema de pandillas, suele darse como un flujo constante.

José Martínez sostiene que lo que sucedió en los 80 es un fenómeno no se puede analizar como una migración si no como un conjunto de refugiados que huían de las condiciones de violencia en El Salvador, concretamente de la zona rural, constituyen un núcleo poblacional que entró en una competencia extraña bastante salvaje con la población mexicana dentro de Los Ángeles (EE. UU.), lo cual a su vez hace que los salvadoreños terminasen creando un grupo que originalmente era de autodefensa, con códigos identitarios asociados a lo étnico, que es la mara salvatrucha. 

José Osorio Guevara a manera de resumen dijo que la migración y violencia no necesariamente tiene que ir a la par, pero que en los últimos años los fenómenos migratorios han tenido un impacto en el fenómeno de violencia que ha vivido El Salvador y que va seguir marcando el fenómeno de violencia en el país.        

   Osorio Guevara lanzó la segunda pregunta del debate ¿Qué opinión merece la actual gestión gubernamental en cuanto a seguridad ciudadana? Teniendo a cuenta que FESPAD que fue una ong que cuestionaba duramente los gobierno de Flores y Saca, y ahora avala la gestión de Cerén en cuanto a materia de seguridad en “el Plan El Salvador seguro”.  

José Martínez resumió que las prácticas estatales no necesariamente responden a una ideología, al preguntar por el escenario actual es un ejemplo claro, históricamente el tema de seguridad pública después del conflicto armado y los dos primeros gobiernos de Arena ni siquiera era un problema, la agenda era una agenda política.

El tema se le empieza a dar interés a partir del año 2000 y tiene que ver con un proceso de las estructuras de pandillas que tanto la “MS 13” y “el barrio 18” empiezan a tener élites pandilleriles y a tener una especie de coordinadora a nivel nacional, no menos mérito tienen las deportaciones de salvadoreños en los años 90 porque eso es lo que permite que se configuren las dos pandillas en El Salvador.

José Martínez explicó de manera breve los planes de seguridad que impulsaron los gobiernos de Flores y Saca con los planes “Mano Dura” y “Súper Mano Dura” que las describe más bien como estrategias policiales de presencia en los barrios que lo que hacen es meter a los pandilleros a las cárceles y las pandillas se crecen porque se constituyen en redes y generan las élites pandilleras, eso el Estado se los financió con políticas muy mal pensadas sin ninguna base académica.

Agregó que con el Plan Súper Mano dura, el gobierno de Saca lo que hizo fue criminalizar la pobreza y el FMLN fue muy crítico de esas políticas, es más FESPAD defendió muchos pandilleros, la medida se atacó, se dijo que se estaba regresando a los años 80, se dijo muchas cosas que eran ciertas; llega el FMLN  al poder después del gobierno de Saca, que impulsó la medida más represiva y más carente de base teórica que las medidas de los gobiernos de ARENA, sólo en el 2016 murieron más de 600 pandilleros en enfrentamientos y más del 90 % no eran pandilleros.

Sostiene que la mayoría han sido escenas montadas por escuadrones expresamente creados para la limpieza social, por ello queda muy claro que las medidas en cuanto a seguridad pública y la violencia no es tan ideológica, de hecho ambos partidos políticos ARENA y FMLN han mantenido una línea muy constante.

René Pineda planteó lo contrario, y explica que la manera en cómo se enfrenta la violencia si es un problema ideológico, porque no es que ARENA no conociera el problema de las pandillas sino que se constituyó en un problema de gobernabilidad y comparó la conformación de grupos guerrilleros en los años 70 y grupos de pandillas en los 90 en las zonas urbanas son las mismas.

Agregó que los gobiernos de ARENA prefirieron que los jóvenes se organizaron en pandillas y no políticamente, además no hay que perder de vista que la violencia y la delincuencia son un negocio que se mantiene en función de que exista la inseguridad ciudadana, en el caso de América Latina es un negocio que genera más de 1200 millones de dólares de ganancia.

René Pineda explicó que hay una concepción ideológica de la violencia porque la represión se hace en los sectores pobres, además la complejidad del fenómeno de la violencia no se resuelve en corto tiempo, primero se debe resolver la impunidad y el FMLN no ha querido implementarla, “Este ha sido un régimen impune, quien comete delitos sigue siendo impune, particularmente en las altas esferas políticas”.           

 José Martínez toma la palabra de nuevo, reflexiona sobre lo preocupante que hay detrás de los discursos, toma como ejemplo el caso de Guatemala que ha bajado los niveles de violencia considerablemente sobre todo la violencia de pandillas y eso que Guatemala tiene el componente de narcotráfico, dijo que ese discurso de que la violencia es vieja y no se puede erradicar  de la noche a la mañana, estima que en eso hay un componente ideológico que lo único que hace es justificar lo poco que han hecho.

Agrega que en el mundo todos los grupos sociales han sido violentos, ejemplo los países nórdicos que ahora salen como ejemplo de países pacíficos tuvieron un origen de los pueblos vikingos que más violentos no se le ocurre pensar, entonces si hay procesos que cortan la violencia, en El Salvador no se le ha apostado a esos procesos; argumentó que las élites políticas crearon las pandillas, porque “les interesa mantenernos dormidos”, concluye que el tema de las pandillas se ha usado tanto para términos políticos y eso deja intactos las causas estructurales de la pandillas.

Para concluir el conversatorio los panelistas realizaron una análisis comparativo de la violencia estructural entre El Salvador y Uruguay, coincidieron que en Uruguay hay una distribución más equitativa de la riqueza y eso tiene que ver con las élites políticas; El Salvador es el país donde más injustamente se distribuye la riqueza, la brecha entre ricos y pobres es grande, así funciona el modelo neoliberal.