Romero y las víctimas de desaparición forzada

  • Lunes 10 de Septiembre de 2018 | 09:38am

“Yo siento que estas madres son madres dolorosas con el corazón traspasado.”

“Y la presencia de una madre que llora a un desaparecido, es una presencia-denuncia; es una presencia que clama al cielo; es una presencia que reclama a gritos la presencia de su hijo desaparecido.”, Homilía Oscar Arnulfo Romero, 1 diciembre 1977.

Las frases de Monseñor Romero fueron presentadas durante la sexta sesión de cátedra abierta que lleva su nombre.

El panel – foro denominado: Romero y las víctimas de desaparición forzada, contó con la participación de Claudia Interiano, representante de la Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho y Paula Figueroa de AMOAR.

Paula Figueroa dijo que previo a la guerra civil, la desaparición forzada fue un delito que se cometía con total impunidad y de manera oculta

Agregó que existía y existe el temor de conocer la verdad, señalar a grupos o personas que se han involucrado con prácticas de lesa humanidad

Añadió que previo a la guerra, las madres fueron las primeras en buscar a sus hijos desaparecidos por ser estudiantes de la UES, sindicalizados o porque no estaban de acuerdo como se veía este país, algo que en la actualidad no ha cambiado mucho y en la que la clase política busca Ignorar el pasado de los miles de desaparecidos

En el tiempo de Monseñor Romero Tutela legal comienza a documentar estos casos y elaboraban un resumen diario para Monseñor Romero quien en sus homilías hacía una reflexión bíblica, pero encarna ese anuncio con la vivencia cotidiana y hacia espacio para anunciar los sucesos de la semana y que se estaba haciendo.

Indicó que en esos años, grupos denominados ORDEN, campesinos contratados como orejas, se dedicaban a infiltrarse en reuniones donde se planificaban movilizaciones por demandar justicia.

Con la información proporcionada, los grupos militares capturaban a las personas organizadas y las desaparecían. “Cometieron violencia y homicidios, a un señor lo amarraron a un caballo para arrastrarlo por las calles de Suchitoto anunciando que era comunista.

La iglesia, a través de Moseñor Romero denunciaba estos hechos, señalaba que las madres cargan con ese dolor y se constituye en una tortura para los familiares porque nada vuelve hacer igual.

“Aún ahora hay cuerpos de seguridad que están cometiendo delitos de desaparición forzada, la fiscalía debe tener una unidad que se dedique a las búsquedas de las personas desaparecidas; Porque cuando encuentran a una persona, no importa que tan fragmentada se encuentre su cuerpo, la familia recupera cierta tranquilidad y valor para seguir adelante”.

Historia

Claudia Interiano, representante de la Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho, desarrolló un recorrido histórico de la desaparición forzada, indicó que a partir de la Segunda Guerra Mundial,1940, durante la ocupación Nazi de varios países europeos (Holocausto), Adolf Hitler dictamina una orden militar conocida como “Balance del terror" que reprime severamente los actos de la resistencia con resultado de muertes.

Fue institucionalizada bajo el Decreto conocido como “Noche y Niebla” dado en 1941, el cual establecía que “los sospechosos de poner en peligro la seguridad de Alemania debían ser trasladados a ese país sin dejar huella y sin dar información respecto a su paradero o suerte”.

Interiano dijo que la desaparición forzada de personas en América Latina, se produjo principalmente entre los años de 1960 y 1990, este fenómeno tomo fuerza especialmente por las pugnas políticas, golpes de Estado y dictaduras militares, totalitarias y represivas; algunos países con experiencias histórica en éste sentido: Chile, Argentina, Guatemala, y El Salvador.

El patrón común para el desarrollo de la desaparición forzada de personas, es la creación de la “Doctrina de Seguridad Nacional”, implementada por los gobiernos en turno, dicha doctrina implicaba la obligación de las fuerzas militares de participar en la vida política del país, cuando este se encontrara en “peligro”, su actividad se concretaría en la “subversión”

Trajo como consecuencia el “Terrorismo de Estado”, que implicó que los gobiernos dejaran de lado su papel de defensores de las garantías fundamentales de las personas, convirtiéndose en estructuras represivas, siendo la desaparición forzada una de las formas más usadas para ejercer terrorismo en el Estado y sembrar zozobra y represión a los ciudadanos, por medio de la implementación de prácticas crueles como torturas y ejecuciones extrajudiciales, violando así normas de derecho interno e internacionales que los Estados deben cumplir.

Las Desapariciones tenían un patrón similar, que iniciaba con la detención violenta de la víctima, muchas veces a la luz del día y en lugares poblados, por parte de hombres fuertemente armados que operaban con absoluta impunidad; la víctima había sido objeto de seguimiento por periodos más o menos prolongados, después de las capturas eran vendados, llevados a lugares secretos y muchas veces eran trasladados de un lugar a otro; eran sometidos a interrogatorios, vejámenes, crueldades y torturas, la mayoría de ellos eran finalmente asesinados y sus cuerpos enterrados en lugares clandestinos o abandonados

Indicó que la desaparición forzada de personas antes y durante de la guerra en El Salvador, constituyó una práctica sistemática de violaciones a derechos humanos, ejecutada y tolerada por el Estado (militares, paramilitares y otros funcionarios). Este fenómeno era parte de la estrategia militar de tierra arrasada, que impulsaba operativos militares cuyo fin era desarticular y destruir poblaciones que se consideraban “base social de la guerrilla”.

Interiano dijo que en el marco de estos operativos y más que todo entre 1980 a 1984, se practicaron desapariciones de niños y niñas, a quienes, en su mayoría, se les sustrajo luego que sus familiares fueran ejecutados u obligados a huir para proteger sus vidas.

Comentó que a menos de una semana de conocer el informe de la Comisión de la Verdad, la Asamblea Legislativa aprueba el Decreto 426, de fecha de 20 de marzo de 1993, denominado “Ley de Amnistía para la Consolidación de la Paz78”, que en ningún país del mundo tuvo las características de ésta, quedando absolutamente todo, fuera de materia de responsabilidad penal y en materia de responsabilidad civil.

Añadió que este fenómeno tiene dos comportamientos: 1) la privación de libertad por parte de agentes estatales o particulares actuando con autorización, apoyo o aquiescencia de éstos; y 2) el no reconocimiento oficial de esa privación de libertad o el ocultamiento de la suerte o paradero del desaparecido.

Por su parte, el Lic. José Vicente Cuchillas, decano de la Facultad de Ciencias y Humanidades dijo que la cátedra es un esfuerzo para el rescate de la memoria histórica, en la que considera fundamental el análisis de la obra de Monseñor Romero.